miércoles, 7 de septiembre de 2011

¿Por qué temblás?

Yo, caminaré entre las piedras,
hasta sentir el temblor, en mis piernas…
Soda Stereo


-  ¿Por qué temblás? –

Su cara se ilumina. Se alegra que lo haya notado. No puede ocultarlo más. No quiere.

Afuera hace frío. El viento sopla fuerte y las hojas del ombú también tiemblan. Ella mira hacia afuera. Desanda con la vista el camino que hace unos minutos la trajo hasta acá. Se da cuenta que tiembla. Culpa a los nervios. No conoce el lugar. Siente que no pisa firme.

El salta de una idea a otra. Le cuesta encontrar las palabras. Justo a él, que vive de ellas. Se empeña en hilvanar las frases correctas para que la historia que cuenta tenga sentido. A medida que habla su temor a equivocarse aumenta. Tiembla de miedo; pero no se detiene. Más bien todo lo contrario, se desborda. Se vacía y se llena al mismo tiempo.

Ella lo escucha atenta. Sus palabras la invaden. Se abren paso a través de sus poros para inundar todo su ser. La sacuden, la descolocan. Un escalofrió recorre su cuerpo. Sube por los pies hasta tensarle el vientre. Le oprime el pecho y le dificulta la respiración. Se siente aturdida. No se reconoce.   

Siente que no es la misma mujer. Ya no está nerviosa, y sin embargo, tiembla.

El habla de viajes. Viajes para los que no se necesitan documentos. Porque se viaja sin nombre, sin mochila, sin pasado ni futuro.

-  Como cuando viajás con un cuento -

La imaginación va tejiendo el escenario. En el centro ellos: un hombre, una mujer. La fantasía devora la realidad. El tiempo se congela y evapora a la vez.

Afuera hace frío. Adentro el calor va empañando los vidrios. Una fina neblina se escurre entre ambos. Aspiran el aire tibio que los abriga. Un dulce sopor se apodera de sus cuerpos.

Se permiten soñar. Jugar de a dos. Conocerse a cada paso. Pisando a tientas.

-  Contáme más cosas -

Él la observa. Intenta adivinar algo en sus ojos. Su mirada ha cambiado. No es la misma de siempre. Como si ella, ya no fuera ella. Le parece que ya vio esa mirada antes.  Está seguro, ella es esta.

Estaba dormida, piensa. Anestesiada.

Ella intenta dominar la agitación. Se siente rescatada, libre, reinventada.

El cierra las puertas. Deja fuera la rutina que los ahoga. Respira. Comienza a flotar. Todo se mueve. No hay referencias. La vida entera atrapada en un momento, en un lugar sin fronteras. Un refugio. Un antídoto contra el aburrimiento.

Se acomoda varias veces en su sitio. Por fin está cómoda. Sus piernas comienzan a moverse involuntariamente. Vibra.

El sujeta su mano y pregunta  - ¿Por qué temblás? -
Ella lo mira y suspira  - Para saber que estoy viva -



Ignacio Revello

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