Un grito ensordecedor quebró la frágil calma.
La pelea había recomenzado. Andanadas de insultos surcaron el aire como misiles, buscando ultimar al enemigo que respondía incluso antes de ser atacado; entrenado como nadie en el arte de la guerra, después de tantas y tan duras batallas. Las heridas en uno y otro bando eran múltiples. El odio desmedido mutilaba sin conciencia. Maldiciones. Aullidos. Llantos. Sollozos. Brevísimos silencios interrumpidos por nuevos gritos fundiéndose hasta transformarse en un único grito aterrador.
- Bastaaaaaaaaaa!! -
Demasiado tarde. Un herido en el pecho se esforzaba por mantener la vertical.
Apenas se escuchaba un llanto entrecortado.
Apenas se escuchaba un llanto entrecortado.
El niño yacía en el suelo boca abajo. Dominando la tremenda agitación estiró ambos brazos hacia delante. Barrió lentamente hacia su cuerpo lo que quedaba de los dos robots, destrozados por la inconciencia.
Se quedó tendido en el suelo. Cansado. Muy cansado. Derrotado.
La habitación de al lado estaba nuevamente en calma.
Ignacio Revello
No hay comentarios:
Publicar un comentario